¿Por qué enseñar inteligencia emocional?

20.09.2017

Este artículo nos muestra la importancia de las emociones a lo largo de nuestra vida y de aprender su correcta gestión principalmente en las primeras etapas de la misma.

Actualmente, es muy común escuchar el término inteligencia emocional. Según Daniel Goleman, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, ésta se define como "la capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emocionespara dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograrlo y compartirlos con los demás".

Existen críticas hacia el propio término puesto que, dentro del mundo de la psicología hay personas que no lo consideran un tipo de inteligencia sino más bien un rasgo de ella, una habilidad o una capacidad que poseen las personas. Pero para el tema que aquí nos ocupa no es tan importante la precisión del término como comprender a lo que se refiere.

Qué son las emociones

Las emociones son estados afectivos que experimentamos. Son reacciones subjetivas que generamos en función de los acontecimientos que vivimos y vienen acompañadas de cambios orgánicos, influidos por la experiencia. Poseen una función adaptativa, es decir, nos sirven para aprender a funcionar en nuestro entorno, a adaptarnos a él.

Existen seis emociones básicas definidas por Ekman que son: alegría, tristeza, miedo, asco o aversión, sorpresa e ira, que se consideran el núcleo a partir del cual se extiende el amplio espectro de emociones que sentimos. También hablamos de emociones secundarias cuando nos referimos a todas aquellas emociones que no son propiamente las básicas.

El aprendizaje durante la infancia

Durante la infancia es cuando aprendemos lo más importante que nos va a acompañar a lo largo de nuestra vida. En este periodo nos enseñan aquellas cosas que nos marcarán el camino para ser adultos el día de mañana.

En el colegio se centran a enseñarnos a escribir, a leer, a sumar y toda aquella formación que nos ayudará a conocer el mundo que nos rodea y nos preparará para que podamos continuar estudiando en el futuro. Pero también, de niños aprendemos a comunicarnos de una determinada manera, nos enseñan valores y a comportarnos como debemos dependiendo de la sociedad en la que vivamos.

Por desgracia, aunque actualmente cada vez tienen más presencia, hay determinados aprendizajes que se quedan olvidados y que son igual, o más importantes, que muchas de las materias que se imparten en el colegio. Entre ellos, vamos a destacar el aprendizaje emocional.

Enseñemos emociones

Aunque parece que es algo que no debe ocupar demasiado tiempo en la formación que reciben los menores, el aprendizaje emocional ayudará a tener jóvenes y adultos más sanos, ya que los problemas emocionales son la base de muchos trastornos mentales.

En primer lugar, es fundamental comenzar con el aprendizaje de la identificación de emociones. En muchas ocasiones, los niños no saben diferenciar las emociones, ni en si mismos ni en los demás. Es muy habitual encontrar situaciones en las que los niños confunden la ira con la tristeza o los celos con el enfado, por ejemplo. Si partimos de una buena base enreconocimiento emocional, los pequeños tendrán un paso ganado para, después, poder gestionar lo más correctamente posible dicha emoción. Este reconocimiento emocional habrá que enseñarlo, tanto para reconocer las emociones en uno mismo como en los demás. No nos sirve sólo saber cómo nos sentimos, también debemos ser capaces de identificar cómo hacemos sentir a las personas que nos rodean. Aunque este será un paso más avanzado en el aprendizaje de las emociones.

Existen muchas técnicas distintas para practicar el reconocimiento de emociones y, dentro de las mismas, hay grados de complejidad. Una de las más habituales consiste en mostrar fotografías, tanto de personas reales como de dibujos, para que los niños nombren la emoción que se ve reflejada. Si queremos añadirle un poco de dificultad se les puede pedir que imaginen una situación en la que ellos se hayan sentido de esa manera o que hayan hecho sentir así a otra persona. Con esto, irán integrando gradualmente la expresión facial de las emociones, las sensaciones que les provocan y las situaciones en las que son más habituales.

El siguiente paso en el aprendizaje emocional, consiste en la gestión de las emociones. La gestión emocional está formada por el reconocimiento, la aceptación y la regulación de las emociones. Es un gran paso y para ello debemos tener mucha paciencia, puesto que hay que tener en cuenta que como adultos también es habitual que no sepamos gestionar nuestras propias emociones.

Al hablar de niños, la gestión emocional se reducirá a aprender a sentir la emoción adecuada a las circunstancias y en la medida más o menos justa a lo que ha acontecido. Es más usual de lo que creemos que los adultos desacrediten las emociones de los menores. Por ejemplo, en el caso de un niño que se enfada porque no ha conseguido lo que quería, el adulto le regaña y le dice que no puede sentirse enfadado por lo ocurrido. En lugar de esto deberemos validar su emoción y ayudarle a regularla.

Ejemplo: "Comprendo que estés enfadado pero, no debes pegar patadas porque así no cambiarás lo ocurrido. A lo mejor, puedes explicarme por qué te sientes tan enfadado y juntos buscaremos una solución".

Hay que tener en cuenta que es muy complicado lidiar con las emociones y más cuando hablamos de los más pequeños. Por ello, no debemos decirles cómo deben sentirse ante los acontecimientos. Hay que ayudarles a generar alternativas de comportamiento cuando las llamadas emociones negativas les invadan.

Un último paso, un poco más difícil debido a que incluye a terceras personas es la empatía, que se define como la capacidad de percibir lo que otros pueden sentir. Aunque anteriormente, en la identificación de emociones, hemos hablado de esto, el trabajo en empatizar con los demás les ayudará a comprender y a predecir cómo se sentirán los demás y con ello podremos trabajar la regulación del comportamiento.

El trabajo en inteligencia emocional es largo y no sólo se centra de etapas tempranas de la vida. Si bien es cierto que, si el entrenamiento se realiza en la niñez nuestro desempeño en las siguientes etapas será más sencillo y exitoso. Pero nunca es tarde para mejorar nuestras habilidades emocionales puesto que nos ayudarán en todas las facetas de nuestra vida.

Por último, hay que tener en cuenta que algunas personas son más habilidosas y que de forma innata pueden reconocer y regular las emociones y, hay otras menos hábiles a las que les costará un poco más de práctica manejarse en el ámbito emocional.

"Sigue a tu corazón pero lleva contigo a tu cerebro"

Alfred Adler

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