¿Qué ocurre cuando nos preocupamos demasiado?

22.12.2017

A veces hay preocupaciones que no podemos quitarnos de la cabeza y nos rondan durante mucho tiempo. A veces incluso esas preocupaciones no nos dejan dormir bien o nos incapacitan actividades de la vida diaria. En este artículo explicamos cómo hacer para mantener esos pensamientos fuera de nuestra mente.

Aunque que no nos guste, la vida está formada tanto de momentos positivos como negativos. Sufrimos decepciones y vivimos sucesos que nos resultan desagradables y en ocasiones hacen que nos preocupemos en exceso.

Dependiendo del momento en el que nos encontremos esas preocupaciones pueden ser muy distintas: amigos, estudios, trabajo, hijos, padres... Pero todas ellas nos resultan tremendamente importantes, aunque puede que pasado un tiempo y viéndolas con perspectiva lleguen a parecernos insignificantes. Quién no recuerda, por ejemplo, las grandes preocupaciones que todos hemos tenido en la adolescencia, que parecían dramáticas, y a día de hoy resultan hasta graciosas.

Todo esto no quiere decir que todo lo que nos preocupa sea de poca importancia. Puede incluso que sea todo lo contrario, pero la cuestión es aprender a diferenciar qué cosas merecen ocupar espacio en nuestra mente y qué cosas debemos intentar dejar a un lado.

La capacidad limitada de nuestra mente

Imaginemos por un momento que nuestro cerebro es como la memoria RAM de un ordenador. Ésta se encarga de poder realizar de manera simultánea diferentes tareas y dependiendo de la capacidad que tenga podrá realizar más o menos, o de manera rápida o lenta. Esto lo hemos vivido todos tanto con los ordenadores como con los móviles. Y cuando tenemos muchas aplicaciones abiertas el dispositivo va más lento e incluso llega a dejar de funcionar porque se bloquea.

Salvando las diferencias, algo similar ocurre en nuestro cerebro. Nuestra capacidad atencional también es limitada y aunque sí que somos capacites de realizar distintas tareas al mismo tiempo, nuestra efectividad se ve limitadadependiendo de la dificultad de dichas tareas y del número de cosas que estemos haciendo al mismo tiempo.

Las preocupaciones ocupan mucho espacio

Uno de los problemas que deriva de preocuparse demasiado es que estos pensamientos absorben mucha energía y ocupan demasiado espacio en nuestra cabeza por lo que, al igual que un ordenador, comenzaremos a tener fallosporque no disponemos de más recursos. Es decir, nuestras preocupaciones nos invaden y terminamos desarrollando peor otras tareas que requieren algún esfuerzo. Pero es más, podemos llegar a olvidar las cosas cotidianas debido a lo abstraídos que llegamos a estar por nuestras inquietudes.

Además, en la mayoría de los casos somos conscientes de que por muchas vueltas que le demos a determinados asuntos, sobre todo de esta manera más involuntaria e intrusiva, no conseguimos llegar a ninguna conclusión por lo que terminaremos frustrándonos.

Y qué podemos hacer

Existen distintas estrategias que podemos llevar a cabo para intentar deshacernos de estos pensamientos que nos resultan tan molestos, pero hay que tener en cuenta que habrá que dedicarles práctica y tiempo para que al final resulten efectivas. A continuación veremos algunas de ellas:

En primer lugar deberemos intentar diferenciar qué cosas de las que nos preocupan tienen realmente una solución posible. Si observamos la palabra PREOCUPACIÓN podemos ver que se forma del prefijo "pre", que quiere decir "antes" y de la palabra "ocupación" que proviene del verbo ocuparse. Es decir, una preocupación debería ser un pensamiento previo a la resolución de un problema.

Pues bien, un primer trabajo de debemos realizar es pensar acerca de si el problema que nos ocupa tiene alguna solución posible y de no ser así no debemos dedicarle más tiempo. Si por ejemplo creemos que al circular por la autopista a una velocidad superior a la permita nos ha pillado un radar y nos va a llegar una multa deberemos preguntarnos ¿hay algo que yo puedo hacer actualmente para solucionar este problema?, si la respuesta es no, como en este caso, no tiene sentido dedicarle más tiempo a este asunta hasta que la correspondiente multa nos llegase a casa y procediésemos a pagarla.

Si por el contrario, la complicación que nos inquieta tuviese una respuesta afirmativa a la anterior pregunta, el trabajo que vendría a continuación sería producir el mayor de soluciones posibles para así poder elegir la más adecuada.

Otra posible alternativa para enfrentarnos a esos pensamientos es la dedicar un tiempo y un espacio para pensar en ellos. Una herramienta muy sencilla y a la vez efectiva es destinar un rato al día a sentarnos a pensar en todo aquello que nos preocupa. Para ello podremos utilizar un cuaderno, por ejemplo, para poder escribir nuestros pensamientos y poder realizar un análisis más detallado sobre ellos. De esta forma, tendremos un espacio delimitado para pensar y así podremos estar más liberados el resto del día.

Por otro lado, si creemos que aquellas cosas que nos preocupan son algo irracionales podremos realizar un trabajo distinto. Una alternativa es preguntar a alguien de nuestra confianza, como nuestra pareja o nuestros padres, acerca de lo que opinan sobre nuestro pensamiento. Al compartir nuestra inquietud y recibir una opinión que no la avale es probable que ésta disminuya. Por otro lado, podemos intentar pensar en las probabilidades reales que existen de que lo que nos preocupa realmente ocurra. Por ejemplo, si tenemos miedo a ser atracados pero vivimos en una ciudad con un índice de criminalidad baja es muy poco probable que lo que pensamos llegue a ocurrir.

Todas estas estrategias nos pueden resultar complicadas en un primer momento, pero como hemos dicho anteriormente, serán efectivas si las practicamos.

Por último, es importante valorar si realmente nos estamos viendo afectados por estos pensamientos porque puede llegar el caso en que se conviertan en algo altamente incapacitante. De ser así, la mejor opción será acudir al psicólogo para que nos ayude a solucionar aquellas circunstancias que nos dificultan la vida.

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