¿Qué podemos hacer cuando nos ponemos nerviosos?

11.09.2017

Las claves para superar el nerviosismo y la ansiedad las podemos encontrar en este artículo.

El nerviosismo lo podemos considerar un estado previo a la ansiedad o más bien, un tipo de ansiedad leve. Todos en algún momento nos hemos sentido nerviosos, aunque es cierto que cada uno los siente de una forma diferente.

Pero primero, antes de comenzar, debemos distinguir entre dos conceptos: el miedo y la ansiedad.

  • El miedo es una respuesta intensa y desagradable ante estímulos específicos, como animales, alturas, determinados espacios... La respuesta de miedo ante determinadas situaciones es lógica y adaptativa, es decir, tener miedo si nos encontramos con un león de frente es razonable puesto que nuestra vida corre peligro. El miedo nos prepara para responder en circunstancias consideradas peligrosas, o bien para enfrentarnos a lo que tememos o bien para salir huyendo.
  • La ansiedad, en cambio, es una respuesta que aparece ante situaciones menos específicas que el miedo, es más difusa y anticipatoria, ocurre sin una amenaza externa evidente. Las personas sentimos ansiedad frente a amenazas futuras, sean reales o imaginarias que preparan al organismo para reaccionar ante una situación de peligro.

Como hemos dicho anteriormente, "los nervios" son un grado de ansiedad leve, que experimentamos en situaciones que no deberían ser amenazantes y que por lo general sabemos identificar claramente, como una entrevista de trabajo o un examen importante. Sentimos nervios, sobre todo, antes de encontrarnos en la situación en sí, es decir, una de sus características es que son anticipatorios y por lo general suelen desaparecer una vez han terminado los hechos que nos tenían preocupados.

Hay personas que cuando están en este estado de nerviosismo tienen sudoración en las manos, otras sienten los síntomas más localizados en el estómago, nauseas o dolor de tripa y, en cambio, otras personas notan que se les acelera el corazón, entre muchos otros síntomas posibles. Pero hay que tener en cuenta que estos síntomas se experimentan en menor medida cuando se trata de simple nerviosismo frente a cuando se trata de ansiedad. Los trastornos de ansiedad suelen tener un componente fisiológico más marcado. Cuando la ansiedad es muy intensa puede provocar síntomas tan agudos que algunas personas incluso los pueden confundir con un infarto.

Algunas claves para afrontarlos

En primer lugar, es importante conocerse a uno mismo. Debemos saber identificar las circunstancias o momentos en los que se presenta el nerviosismo. Además, es de gran ayuda saber cómo se manifiestan los nervios en nuestro cuerpo pues, como decíamos anteriormente, a cada persona le afectan de una manera diferente.

La importancia de reconocer tanto las situaciones como los síntomas radica en poder estar preparados para poder responder disponiendo de distintas estrategias, que dependerán de lo que nos funcione a cada uno y de las circunstancias. Pero aún así, es posible que nos encontremos con nuevos desafíos que nos pongan en este estado y para estar preparados también nos ayudarán las siguientes estrategias:

  • Relajación: es la técnica principal para prevenir y enfrentarnos a las situaciones que nos producen nerviosismo. Hay muchos tipos de relajación que se pueden practicar día a día como la meditación, el yoga, la relajación muscular progresiva... Pero una de las más eficaces, sobre todo porque se puede llevar a cabo in situ, es la respiración diafragmática. Aprender a respirar para poder controlar nuestros nervios es algo fundamental, sencillo de realizar y muy efectivo.
  • Practicar en situaciones "inofensivas": muchas veces, una de las causas de sentirnos nerviosos es que creemos que no somos del todo válidos para la tarea que vamos a realizar. Volviendo al ejemplo de hablar en público, si tenemos que hacer una exposición en el trabajo, la facultad o en el colegio, en ocasiones pensamos que no lo vamos a hacer bien, que nos vamos a equivocar, etc. Para ello es de gran ayuda practicar. Podemos hacerlo en casa, frente a nuestros familiares o frente al espejo, para estar bien preparados y sentir que podremos controlar la situación.
  • Informarse acerca de la situación: en algunos momentos, el nerviosismo es producido por el desconocimiento. Conocer bien las circunstancias a las que nos tenemos que enfrentar nos ayuda a disminuir la inquietud porque podremos evitar, en cierta medida, eventos inesperados. Si por ejemplo, nos pone nerviosos conducir y debemos ir a un lugar que no conocemos, es de gran ayuda que nos informemos acerca de la ruta que vamos a realizar, conociendo lo mejor posible el camino y a la zona a la que nos dirigimos.
  • No dejarse llevar por los pensamientos negativos: es habitual que los nervios se produzcan por la cantidad de mensajes negativos que nos decimos a nosotros mismos como: "me voy a perder", "lo voy a hacer fatal", "a nadie le va a gustar mi discurso", etc. Por ello, hay que trabajar en rebatirnos a nosotros mismos esos pensamientos negativos. Si creemos que nos vamos a perder, como en el ejemplo de conducir hasta un lugar desconocido, nos podremos decir que hemos estudiado cuál es el camino y las posibles alternativas y que estamos preparados para ir.

¿Y qué hacemos si no es suficiente?

En caso de que las técnicas presentadas anteriormente no nos funcionen o que lo síntomas se agraven e incluso se vuelvan incapacitantes hay que acudir a un profesional para que nos ayude.

Cuando los nervios nos impiden afrontar alguna situación, lo peor que podemos hacer es dejar de enfrentarnos a la misma. Es decir, si por ejemplo hablar en público nos produce un estado de nerviosismo tal que llega un día que decidimos no hacerlo por no pasar un mal rato, sólo conseguiremos empeorar las cosas e incluso podríamos llegar a desarrollar una fobia a hablar en público.

Sin embargo en la mayoría de los casos, podemos llegar a controlar nuestros temores, dándose dos posibles soluciones. Puede que superemos el nerviosismo porque estamos preparados para enfrentarnos a ello y nos sintamos más seguros. O bien, puede que los síntomas sean más leves y aprendamos a convivir con ellos sin dejar de hacer aquellas cosas que nos ponen nerviosos.

En definitiva, todos convivimos en nuestro día a día con momentos que nos producen algún síntoma de ansiedad leve, lo que no debemos dejar que ocurra es que esto nos lleve a un estado que nos incapacite para realizar nuestra vida con normalidad. Si esto sucediese, es necesario ponerle remedio cuanto antes solicitando ayuda a un profesional.

El temor agudiza los sentidos. La ansiedad los paraliza.

Kurt Goldstein

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