Acoso escolar: detección y prevención

03.10.2017

El acoso escolar es un tema que, a muchos padres, preocupa y genera ansiedad por desconocimiento. ¿Cómo sé si mi hijo lo sufre? ¿Cómo lo abordo? ¿Qué hago? Y en este artículo respondemos a todas esas preguntas y muchas más.

El acoso escolar es algo que ha estado siempre presente y que los adultos han interpretado como "cosas de niños". Pero, afortunadamente, desde hace unos años nuestra sociedad está cambiando y hemos pasado a percibirlo como el problema que realmente es. Lo que antes veíamos como algo normal y poco preocupante, hoy lo vemos como algo que acarrea grandísimos problemas para el menor que lo sufre.

Un estudio sobre la incidencia y situaciones más frecuentes en casos de acoso escolar realizado por Save The Children (Yo a eso no juego. Bullying y ciberbulluying en la infancia. 2016) revela que en España, un 9,3% de los alumnos han sufrido en alguna ocasión acoso escolar en los últimos dos meses. Las niñas lo sufren en mayor número de casos, un 10,6% frente a un 8% en niños.

Este estudio indica también cuales son las razones más frecuentes que alegan los acosadores a la hora de explicar por qué lo hacían. Entre las principales razones se encuentran la intención de gastar una broma (14,5%) y no saber por qué lo hacía (19,5%). Esto es un indicador de la falta de conciencia sobre el problema que tienen actualmente los menores.

Qué es el acoso escolar

El acoso escolar o bullying, es una forma de violencia entre iguales que se realiza en las propias instalaciones escolares, en sus alrededores o en las actividades extraescolares. Es diferente de otras conductas agresivas porque implica un desequilibrio de poder que deja a la víctima indefensa.

El acoso escolar implica comportamientos repetitivos de hostigamiento, intimidación y exclusión social de la víctima, con diversas formas de violencia física, psicológica o verbal, y que suelen hacerse en momentos en los que no hay ningún adulto presente.

Tipos de bullying

  • Físico: El menor sufre una agresión física, como empujones, patadas, agresiones con objetos, etc.
  • Verbal: Recibe motes e insultos, es el foco de bromas y rumores, de comentarios homófobos y racistas, es menospreciado en público, etc. Es el tipo de acoso más habitual.
  • Social: El menor es excluido de grupos o eventos y la finalidad es aislarlo del resto de compañeros.

Causas y consecuencias

Determinar las causas que originan el acoso escolar es bastante complejo. Muchos hablan de perfiles, tanto del acosador como de la víctima. Otros, lo atribuyen al ambiente vivido por el acosador, familias desestructuradas, padres con comportamientos agresivos...

Una realidad a tener en cuenta, como posible explicación del origen del acoso escolar, es la falta de habilidad que poseen los menores para empatizar con los demás y para ser conscientes de las consecuencias de sus actos. Por ello suelen aprovechar lo que ellos consideran que son los defectos de sus compañeros para ridiculizarlos. Así logran convertirse en protagonistas, sentirse más fuertes delante de los demás y por lo tanto mejor.

A los acosadores se les atribuye una baja autoestima por lo que, como decíamos anteriormente, suplen esa falta de autoestima infravalorando a los demás y situándose por encima de ellos. A parte de la baja autoestima, los acosadores suelen tener alguna de estas características: son mayores o más fuertes, son extrovertidos y líderes, en ocasiones no conocen otra forma de destacar...

A los acosados se les atribuyen las siguientes características: tímidos y temerosos, más débiles o torpes, introvertidos, niños con pocos amigos, nuevos en el colegio, tienen necesidad de ser aceptados, padecen alguna desventaja física, poco asertivos, etc.

Hay que tener en cuenta que, aunque las personas que sufren el acoso compartan una serie de características, nunca se les podrá culpar ni responsabilizar por la situación que viven, ni atribuir su condición de víctima a dichas características.

Las consecuencias del acoso escolar son múltiples y se presentan en distintos niveles. A nivel psicológico las personas que han sufrido bullying tienen problemas de autoestima, sufren ansiedad, mucha inseguridad, pueden llegar a desarrollar depresión e incluso fobia al colegio. Las consecuencias a nivel psicológico son secuelas que perdurarán en las víctimas durante más tiempo del que dura el propio acoso.

A nivel físico, las víctimas pueden sufrir daños en sus pertenencias, e incluso daños físicos en su propio cuerpo. También puede ocurrir que los daños físicos se los realicen así mismos, es decir, que se autolesionen, como medio de escape del dolor psicológico que están padeciendo. En los casos más extremos, el acosado puede llegar incluso a plantearse el suicidio y en algunos casos llegan a intentarlo.

También se producen consecuencias a nivel somático, como pueden ser dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, pesadillas, tics nerviosos...

Por último, aunque suelen ser las primeras señales de las que se percatan los adultos, también se originan consecuencias a nivel conductual. La conducta del menor empieza a cambiar, se produce un rechazo a acudir al colegio, el rendimiento académico es más bajo. Además, en ocasiones abandonan actividades que antes les gustaban, como salir con los amigos.

Qué podemos hacer

En primer lugar, como forma de prevención, es importantísima la educación tanto fuera como dentro del aula. Hay que trabajar mucho con los menores la educación emocional (para saber más acerca de la educación emocional consultar el artículo de Inteligencia emocional), la adquisición de habilidades sociales y valores de convivencia.

No existe un único modo de enfrentarse al acoso, debido a que cada caso es diferente y hay en algunos en los que hay que actuar con extrema precaución. Lo que nunca debemos olvidar como adultos, aunque en ocasiones sea muy difícil, es que nos encontramos frente a casos donde todos los implicados son menores, por lo que tendrán que prevalecer los derechos de ambos, tanto los de los acosados como los de los acosadores, por lo que siempre tendrá que primar el bienestar de la víctima pero sin sobrepasarse al acosador, la respuesta debe ser educativa y socializadora, variando en función de la gravedad de los hechos.

El trabajo fundamental es preventivo. Con los menores debe centrarse en la educación, tanto a nivel emocional como decíamos anteriormente, como en la resolución de conflictos de manera no violenta.

Por otro lado, hay que instruir a padres, madres, profesores y menores en la identificación de las primeras señales del acoso, para poder cortarlo cuanto antes.

Cuando el acoso ya ha ocurrido

Al tratarse de un tema relacionado con la infancia y la juventud, debemos ser especialmente cautelosos puesto que las consecuencias y secuelas psicológicas pueden afectar al desarrollo del menor.

Si hemos identificado un caso de acoso escolar en alguno de nuestros hijos, no debemos dudar acudir a un profesional, para que evalúe los posibles daños producidos y para que le ayude a sobrellevar y afrontar la situación en la que se encuentra, llegando así a superarla.

Desde la terapia el trabajo consistirá, en primer lugar, en ayudar al menor a recuperar su autoestima. Es un eslabón muy importante para comenzar con la recuperación del afectado. Además, dependiendo de los casos, habrá que hacer una intervención tanto en los problemas de ansiedad generados a raíz del acoso, como incluso de una posible depresión. Hay que tratar de reparar las heridas que se han ido produciendo con el paso del tiempo.

Por otro lado, también se trabajará la resolución de conflictos, el entrenamiento en habilidades sociales y demás áreas que favorecerán el desempeño del menor en el ámbito social.

Calmaestra, J., Escorial, A., García, P., del Moral, C., Perazzo, C. y Ubrich, T. (2016). Yo a eso no juego. Bullying y ciberbullying en la infancia. Save the Children.

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