Ansiedad infantil

10.01.2018

Los niños, al igual que los adultos, se sienten preocupados y ansiosos en determinados momentos. Debemos tener en cuenta que durante la infancia y la adolescencia se producen muchísimos cambios en sus vidas y tienen que conseguir adaptarse a todos ellos.

Por esto mismo es normal que en algunas situaciones los menores se sientan desbordados y padezcan ansiedad. Y al igual que ocurre con la depresión infantil, es habitual, aunque menos en este caso, que los adultos no le demos la importancia suficiente a los síntomas que muestran nuestros hijos.

Qué es la ansiedad infantil

La ansiedad  es una respuesta que es natural en el ser humano y también en otras especies animales. Es una reacción defensiva innata en el repertorio conductual del niño que desempeña un papel protector y que alerta de posibles peligros. Sea real o no la amenaza, la ansiedad es una emoción que surge cuando la persona se siente en peligro.

Al hablar de ansiedad tanto en niños como en adolescentes, debemos hacer un apunte y aprender a diferenciar entre los miedos evolutivos y la ansiedad o las fobias. Los miedos evolutivos son aquellos que están establecidos y son esperables en el desarrollo del niño. Son miedos que se presentan a unas edades determinadas, que casi todos los niños los padecen y que, con el adecuado acompañamiento de los adultos, desaparecen sin más y sin causar mayores problemas.

La diferencia fundamental entre los miedos evolutivos y los problemas de ansiedad infantil, es que estos últimos interfieren considerablemente en la vida diaria del menor.

Principales trastornos de ansiedad infantil

  • Trastorno de ansiedad infantil por separación

Consiste en una ansiedad inapropiada y excesiva con respecto a la separación real o anticipada del hogar o de aquellas personas a las que se encuentra afectivamente ligado. Se caracteriza por un malestar excesivo cuando se va a producir una separación del hogar o de los padres. También los niños que sufren este tipo de problema tienen miedo de perder a sus figuras de apego o que éstas sufran algún daño. Además viven preocupados porque pueda ocurrir algo que les haga separarse de ellos, como perderse o ser secuestrados. No quieren asistir al colegio o a cualquier otro sitio, ni quieren quedarse solos en casa por miedo a la separación. Por otro lado, tienen problemas para irse a dormir y además tienen pesadillas repetidas con temática de separación. Por último, se quejan a menudo de síntomas físicos, como dolores de cabeza y de estómago, nauseas, etc.

  • Trastorno de ansiedad generalizada

Los niños que presentan este problema tienen una preocupación excesiva sobre una amplia gama de acontecimientos, como el rendimiento escolar, problemas familiares, la salud, sucesos de actualidad...Además de esa preocupación excesiva, los niños suelen presentar otros síntomas como dificultades para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y alteraciones del sueño.

  • Fobia social

Según vamos creciendo aumentan las relaciones sociales con personas que no son de nuestro entorno más próximo. Los niños que padecen este trastorno sienten temor ante la posibilidad de que se planteen diferentes situaciones sociales. Este miedo se origina porque temen ser juzgados o evaluados, les preocupa actuar de un modo que sea humillante o embarazoso, etc. Otra característica para poder ser considerado fobia social, es que el miedo no sólo se presenta ante interacciones con adultos, sino que se ponen nerviosos también al interactuar con iguales. Las situaciones más habituales son: dificultades para hablar en voz alta en clase, unirse a una conversación, hacer amigos y hablar con ellos, hacerse valer o participar en las actividades de las clases de educación física y de música... Todo esto interfiere de manera muy acusada en la vida del menor.

Cómo ayudarles

Desde casa y desde el entorno más próximo del menor podemos hacer algunas cosas para intentar ayudarle:

En primer lugar, tenemos que saber que es ayudar a nuestro hijo haciendo que evite las situaciones que le causan ansiedad es contraproducente. Así conseguiremos no se enfrente al estímulo que le causa dicha ansiedad y que por lo cual su malestar en esas situaciones vaya aumentando. La forma correcta de ayudarle, aunque siempre con precaución, es intentando que afronte sus miedos, que se exponga a ellos, para que compruebe que en realidad no son tan peligrosos como imagina. Además, deberemos reforzar positivamente, mediante halagos y elogios, por ejemplo, cada vez que cada vez que intenten superar esa situación que les causa ansiedad, aunque el intento sea fallido.

Por otro lado, es conveniente charlar con ellos acerca de los pensamientos que les hacen sentir tanto miedo. Esto se podrá realizar con los niños más mayores o con los adolescentes. Lo que tenemos que intentar es razonar con ellos para que vean que sus pensamientos son irracionales y ayudarles a generar pensamientos nuevos más adaptativos y útiles.

Además, debemos tener en cuenta que los adultos y sobre todo los padres, somos modelos para nuestros hijos. Si nosotros mismos tenemos tendencia a preocuparnos en exceso, deberemos intentar controlar nuestras emociones y reacciones frente a ellos, puesto que una es bastante habitual que la adquisición de una fobia se produzca por este tipo de aprendizaje.

Cuándo acudir a un profesional

Puede parecernos que la ansiedad que sufren los niños no sea tan incapacitante como la que sufrimos los adultos, pero la realidad es que no es así. El problema que debemos valorar como cuidadores de un menor es que, algo que nos puede parecer poco preocupante porque se trata de un niño, será un problema que el día de mañana sufrirá un adolescente y si aún así se sigue sin ponerle remedio, también lo sufrirá de adulto.

La clave para decidir cuándo acudir a un psicólogo con nuestro hijo será el grado de interferencia que el problema produzca en los diferentes ámbitos de su vida. Si la ansiedad que sufre se intensifica y comienza a interferir en su rendimiento escolar, en sus relaciones sociales o la forma en la que el niño se percibe a si mismo, será el momento de buscar ayuda. Por otro lado, debemos tener en cuenta que el tiempo es un factor importante y si acudimos antes de que el problema se enquiste el tratamiento será más sencillo y el niño sufrirá durante menos tiempo.

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