Depresión infantil

14.12.2017

¿Realmente los niños tienen depresión? Sí, y nuestra psicóloga infantil, Irene de Molina, nos acerca a ellos para poder ayudarles. Normalmente este tipo de problemáticas se atribuyen a los adultos y pensamos que un niño no puede tener depresión, pero la realidad es muy diferente y no la manifiestan del modo que conocemos en los adultos.

Hoy en día seguimos sin disponer de mucha información acerca de los trastornos infantiles. Aunque actualmente se dedican más recursos, la realidad es que aún nos queda mucho por saber, sobre todo si lo comparamos con lo que se conoce acerca de los trastornos que padecen los adultos. La mayoría de los estudios se centran en conocer las enfermedades que afectan a las personas que se encuentran en la edad adulta y en muchas ocasiones los criterios para diagnosticar y evaluar una problemática infantil se basan en los ya creados para los adultos. Si bien es cierto que se intentan adaptar, en ocasiones no son los más adecuados.

Quizás debido a esa falta de estudio existe una falta de visualización y concienciación acerca de los trastornos infantiles. Este es el caso, por ejemplo, de la depresión infantil. Actualmente hay muchas personas que les cuesta creer que dicho trastorno exista o que ni siquiera han oído hablar de él. El problema de esto reside que si no se tiene conciencia del problema no se le podrá poner remedio.

Cómo se presenta la depresión a distintas edades: sintomatología

La sintomatología de la depresión infantil no difiere demasiado a la que presenta la depresión en adultos, pero las mayores diferencias se observan a edades tempranas.

  • Niños en edad preescolar:
    o Apatía.
    o Rehusar comer.
    o Tristeza e irritabilidad (lloros y balanceos frecuentes).
    o Déficits en el crecimiento.
    o Retraso en el desarrollo.
  • Niños en edad escolar:
    o Tienen muchos problemas de conducta (comportamientos disruptivos) lo que muchas veces dificulta el diagnóstico.
    o Síntomas psicosomáticos, especialmente dolor de cabeza y de estómago.
    o Dificultades de rendimiento escolar con falta de atención y pobre concentración.
    o Irritabilidad, aislamiento social e intolerancia a la frustración.
    o Baja autoestima.
    o Ideas de muerte, aunque no autolíticas (pensamientos sobre suicidarse).
    o Muestran pérdida de interés y aburrimiento.
    o Suelen parecer tristes, sin vitalidad ni energía y, a la vez, enfadados y con rabia.
  • Adolescentes:
    o Conductas negativistas y disociales.
    o Abuso de sustancias.
    o Sentimientos de tristeza, apatía, bajo estado de ánimo...
    o Alteración de la conducta alimentaria.
    o Aumento de la impulsividad.
    o Descuido del aseo personal y autocuidado.

Existe una gran dificultad a la hora de diagnosticar depresión infantil, sobre todo en los más pequeños, debido a la limitada capacidad para comunicar emociones y transmitir sus pensamientos negativos. En edades tempranas, existe un déficit en la identificación de emociones lo cual dificulta mucho que pueda expresarlas. Esto suele conllevar somatizaciones y problemas de conducta debido a que buscan una vía de escape para las emociones que sienten.

Causas de la depresión infantil

Al igual que en los adultos, la depresión infantil puede ser causada por cualquier combinación de factores que se relacionan con la salud física, eventos de la vida, historia familiar, medio ambiente, etc. Algunos factores de riesgo son:

  • Estrés: pueden existir diversas causas al estrés. Una habitual es la presencia de un trastorno depresivo en alguno de los miembros de la familia, afectando más si se trata de la figura de apego la que lo padece. El efecto bidireccional del estrés produce que la depresión en dicha persona (figura de apego) facilite la aparición o el incremento de los problemas en el hijo.
  • Clima familiar inadecuado: las tensiones maritales, la discordia padres-hijo, la bajo cohesión familiar y el divorcio, desempeñan un papel importante sobre la salud mental del hijo (Gotlib y Avison, 1993; Lemos, 1996).
  • Separación o muerte de los padres: lo importante no es tanto la presencia o ausencia de separaciones en la infancia como la "calidad" de las relacionescon las figuras paternas.

Estos son algunos de los factores que pueden influir en el desarrollo de una depresión pero existen muchos otros como problemas de autoestima y autoconcepto, acoso escolar, problemas sociales, etc.

Qué podemos hacer para ayudarles

Lo principal en cuanto tengamos la más mínima sospecha de que alguno de nuestros hijos pueda padecer depresión es acudir a un profesional para que le evalúe y en caso de que sea necesario para iniciar un tratamiento psicológico. Al igual que ocurre con los adultos el tiempo es un factor muy importante y siempre será mejor cuanto antes comience a tratarse.

El trabajo desde la familia será muy importante para la recuperación, puesto que el menor se verá apoyado por su entorno y por fin será comprendido. Además desde casa se deberá continuar con las pautas marcadas en la terapia, reforzando los comportamientos que ayuden a mejorar la conducta del niño.

En el caso de los más pequeños habrá que ayudarle con la compresión y la regulación emocional, puesto que se trata de un pilar fundamental para la mejoría del menor (Inteligencia emocional).

En cambio, con los adolescentes puede que el trabajo desde la familia menos directo, debido a su etapa evolutiva, y que consista básicamente en el apoyo y acompañamiento durante el proceso.

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