El desarrollo de la autonomía

08.11.2017

¿Queremos que nuestros hijos sean independientes y autónomos? En este artículo se muestran las claves para que nuestros pequeños aprendan a valerse por sí mismos y crezcan felices.

Uno de los mayores retos que se presentan a la hora de ser padres es conseguir criar hijos autónomos. Parece que siempre hay cosas más importantes que enseñarles a los más pequeños que enseñarles a ser personas autónomas.

Como padres y madres, en muchas ocasiones, nos resulta más sencillo y práctico realizar las tareas por nosotros mismos. Lo que ocurre, generalmente, es que los adultos nos anticipamos a las acciones de los niños y no los dejamosactuar o hacer algunas cosas que ellos podrían hacer solos. Hay distintos motivos por los que actuamos de esta manera: uno de ellos es, por ejemplo, que pensamos que aún no están preparados para realizar determinadas tareas. Además, debido a la falta de tiempo con la que vivimos actualmente, nos resulta mucho más rápido llevar a cabo algunas actividades nosotros mismos que estar pendientes de cómo los más pequeños de la casa lo hacen. También puede ocurrir que prefiramos encargarnos nosotros porque pensamos que dichas actividades pueden suponer algún riesgo para ellos.

Qué es la autonomía

La autonomía personal es la capacidad valerse por sí mismo en el desarrollo de las actividades básicas de la vida diaria. Estas actividades se relacionan con el cuidado personal (vestirse, comer, ducharse, lavarse las manos, etc.), con el funcionamiento físico (manipular objetos, desplazarse, etc.) y con el funcionamiento mental (capacidad de resolución de problemas, autoconcepto, etc.).

Lo más habitual es que los niños desde bien pequeños quieran hacer cosas por sí mismos. En cuanto empiezan a desarrollar determinadas habilidades quieren explotarlas, como cuando empiezan a caminar y no paran quietos porque quieren explorar su entorno o cuando quieres empezar a comer solos y apenas consiguen llenar la cuchara.

Como padres y madres, debemos ser pacientes cuando esto suceda, pues es fundamental para su desarrollo. Más habitualmente de lo que nos gustaría, estos comportamientos nos darán mucho trabajo, puesto que se caerán y se golpearán al explorar la casa, o se mancharán de puré por todas partes, porque aún no consiguen acertar con la cuchara en su boca.

El desarrollo de la autonomía en los niños es imprescindible para criar futuros adultos independientes, responsables y sanos.

¿Qué les corresponde a cada edad?

En ocasiones el problema se encuentra en que no sabemos para qué actividades o tareas están preparados nuestros hijos. A continuación, veremos algunos ejemplos acerca de qué podemos esperar de los más pequeños de la casa a determinadas edades:

Esto son sólo algunos ejemplos de las tareas para las que están preparados los niños a distintas edades. Pero siempre tendremos que tener en cuenta las habilidades de cada niño, por lo que no debemos preocuparnos si no realizan algunas de ellas a la edad indicada. También habrá niños que se adelanten a dichas edades, todo dependerá del grado de independencia y también de destreza que posean.

Las consecuencias de la falta de autonomía

Podríamos pensar que las consecuencias de la falta de autonomía solamente se verán reflejadas en niños con pocas habilidades, dependiente, que no saben realizar las tareas básicas del hogar y con padres totalmente agotados por la sobre carga de trabajo. Pero nada más lejos de la realidad.

Los niños poco autónomos y poco independientes no sólo lo serán en el entorno familiar, sino que también lo serán en el entorno social, escolar, etc. Y el mayor problema de no ser autónomos, no se encuentra en las habilidades o destrezas físicas que uno posea, sino en que también será poco autónomo mentalmente.

La falta de autonomía también se verá reflejada en la capacidad de tomar decisiones y de resolver problemas. Si a los niños no les permitimos o no fomentamos desde bien pequeños un pensamiento autónomo y crítico, no serán capaces de afrontar los problemas o situaciones que les vayan surgiendo a lo largo de la vida, porque estarán acostumbrados a que otras personas se los resuelvan.

Además, la falta de autonomía también influirá en el autoconcepto y la autoestima del niño y del futuro adulto. Esto se debe a que si percibimos que no somos capaces de realizar las actividades que deberíamos o de solucionar determinados problemas, tendremos un autoconcepto de personas incapaces y esto afectará de forma negativa a nuestra autoestima.

Por último, también puede darse el caso de que sea el pequeño el que no quiere realizar las tareas que le corresponden, ya que les suele interesar cuando se trata de una novedad pero no cuando se trata de una obligación. Pero como padres y madres, deberemos aprender a diferenciar si se trata de un problema de autonomía o si se trata de un problema de comportamiento, en niño desobedece ante el mandato de un adulto, por ejemplo. Esto es fundamental para abordar el problema, porque en el primer caso deberemos utilizar estrategias para ayudar al niño a conseguir realizar la tarea, motivándole a conseguirlo y logrando así que su autoestima se vea reforzada. Y en el segundo caso, deberemos recurrir a estrategias para corregir su comportamiento.

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