Las relaciones familiares

28.11.2017

En ocasiones podemos pensar que las relaciones de pareja no influyen de manera directa en el comportamiento de nuestros hijos pero lo cierto es que sí influyen en gran medida y explicamos en este artículo cómo y qué hacer para fomentar un mejor desarrollo infantil.

La llegada de un bebé a la familia, sobre todo cuando es el primero, genera muchísimos cambios en la vida de la pareja. Se podría decir que prácticamente nada vuelve a ser como era antes. El tiempo que antes tenía la pareja para disfrutar el uno del otro se reduce porque el nuevo miembro de la familia reclama toda la atención y cuidados. Las rutinas cambian para adaptarlas a las que el bebé necesita, los hábitos y costumbres se tienen que modificar; hasta los horarios se vuelven distintos después del nacimiento del bebé.

¿Cómo afecta todo esto a la pareja?

Por mucho que las personas de su entorno les avise a los futuros padres de cómo les van a afectar dichos cambios, realmente, la mayoría de ellos no son totalmente conscientes hasta que éstos suceden. Todos hemos escuchado a madres y padres hablar acerca de lo imposible que les resulta ducharse, que ya no pueden comer tranquilamente o hacer las cosas más cotidianas, sobre todo cuando se trata de un recién nacido.

El problema aparece cuando esta falta de tiempo tanto para el individuo como para la pareja se dilata en el tiempo. Todas las parejas pasan por rachas mejores y peores y se sobrentiende que con la llegada de un niño a la familia los cambios van a ser inevitables. La falta de sueño y de espacio para uno mismo, por ejemplo, van afectando al humor de todos. Pero cuando esta situación se mantiene y se convierte en costumbre y ya no se dedica el tiempo necesario a cuidar la relación, la situación empeora y la estabilidad de la pareja se ve afectada.

¿Y qué ocurre cuando la pareja no está bien?

El principal o principales afectados de esta situación, a parte de los propios miembros de la pareja, son los hijos.

Los niños, por muy pequeños que sean, pueden sentir la inestabilidad. La situación en casa en muchas ocasiones se vuelve incómoda y tensa, porque las dos figuras que deberían guiar a la familia ya no están en sintonía.

Como podemos ver, esto se puede llegar a convertir en círculo vicioso, ya que los hijos, o mejor dicho la cantidad de atención que demandan, afectan de manera negativa a la relación de sus padres y una mala relación de pareja afecta a los niños.

La pérdida de sintonía se puede ver reflejada en la falta de acuerdo a la hora de tomar decisiones sobre los hijos, que el padre o la madre desautorice al otro, etc. Aunque esto puede ocurrir frente a cualquier situación, es mucho más habitual si la pareja no se encuentra en un buen momento, puesto que la comunicación se verá realmente afectada

¿Y qué podemos hacer para solucionarlo?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que hay situaciones, por lo general, que van a ser inevitables. Como decíamos anteriormente, la falta de tiempo es un factor que juega completamente en contra y por ello se vivirán malas épocas antes de conseguir reanudar un ritmo de vida que le convenga a todo el mundo.

Algo fundamental para que esta situación no llegue un punto en el que ya no tenga arreglo, es establecer un momento para que la pareja pase tiempo juntoscomo lo hacía antes. Puede parecer imposible en un primer momento, pero a medida que los niños crecen será más sencillo conseguir un rato para disfrutar a solas. Es muy importante cuidar la relación, buscar un par de horas para pasar un rato a solas y hacer cualquier actividad que ambos disfruten, sin estar pendientes del cuidado de los niños.

Los beneficios de este espacio para los dos se verán reflejados en todos los miembros de la familia, puesto que si la pareja se encuentra bien tratará mejor a los hijos, serán más comprensivos y tomarán las decisiones como un equipo, evitando así desconcertar a los niños. Además, cuando la pareja trabaja conjuntamente, el comportamiento de los hijos es muy probable que mejore porque sentirán una estabilidad en el entorno familiar. Poneros en la situación de un niño que vive con reglas distintas cada día dependiendo del humor de sus padres: es difícil adaptarse a un entorno así porque nunca sabes por donde te pueden salir.

Y al igual que decíamos anteriormente, al tratarse de un círculo, si el comportamiento de los hijos mejora, el humor de los padres mejorará porque la situación en casa será más agradable.

Por último, también es imprescindible trabajar la comunicación de la pareja. Hay que transmitir al otro los miedos y las dudas de la crianza de los niños. Pero no sólo eso, además esa comunicación es necesaria para poder compartir los puntos de vista y las opiniones. En muchas ocasiones, se deja de lado este aspecto tan importante de las relaciones, fundamental para estar en armonía. Y es que un ambiente familiar óptimo se basa en una buena comunicación.

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